Porqués y paraqués del éxito de la propaganda rusa

Sergei F / Flickr, CC BY

Alexandra Cheveleva Dergacheva, Universidad de Alcalá

La guerra en Ucrania dura ya más de dos meses. Durante todo este tiempo, una gran parte de la población rusa apoya abiertamente la “operación especial”, como la denomina el Gobierno de Putin, a pesar de los asesinatos y violaciones, los bombardeos, la destrucción y los millones de personas que han perdido sus hogares.

Por lo visto, las “tecnologías políticas”, el eufemismo utilizado en los antiguos estados soviéticos para la industria de manipulación política y propaganda, desempeñan un papel muy importante en este fenómeno.

Como dijo Robert Ottung, experto suizo en las tecnologías mediáticas: “Rusia no tiene el potencial militar y económico de Occidente. Y para compensar esta debilidad, el Kremlin usa la propaganda”.

Control sobre todo

Desde hace tiempo, todos los medios de comunicación en Rusia están controlados por el Estado. Esto hace posible organizar una campaña sin precedentes, combinando los métodos de propaganda tradicionales con elementos de la programación neurolingüística y otras técnicas modernas de persuasión.

Lo describe muy bien en esta entrevista Natalia Sindéyeva, fundadora y directora general de Dozhd, la última cadena de televisión independiente de Rusia que sobrevivía hasta el comienzo de la guerra (dejó de emitir el 1 de marzo de 2022 por orden del Gobierno ruso):

“Llevan ocho años diciendo que hay enemigos a nuestro alrededor, que todo el mundo quiere derrotar a Rusia, que en Ucrania hay solo fascistas-benderovistas… (…) Tras pasar cuatro horas (viendo la televisión estatal rusa) incluso yo misma pienso: ‘¿Quizás vivimos en un mundo equivocado? Aquí hay un experto, hay pruebas, hay mapas… (…)’. Han aprendido a hacerlo tan profesionalmente que uno simplemente se pierde. Sobre todo cuando tienes un canal que usa un lenguaje mediático y vas a otro diferente y cuenta lo mismo (…). Hasta yo, que conozco la realidad, en algún momento me pongo a pensar: ‘¿Quizás esto sea cierto? ¿Tal vez no sabemos algo, no entendemos algo? ¿Quizás no tenemos suficiente información?’”.

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Una entrevista con el exprimer ministro ruso Dmitry Medvedev en Dozhd en 2011.
Kremlin.ru / Wikimedia Commons, CC BY

¿Cómo se hace?

Existen muchos intentos de clasificar los métodos de propaganda, desde la clásica lista de Yourman (1939) hasta, por ejemplo, la recopilación de las técnicas de programación neurolingüística de Dilts & DeLozier (2000).

También hace falta mencionar el modelo de Milton Erickson. Este modelo describe los patrones lingüísticos que causan en el oyente los instantes de trance hipnótico y le hacen más susceptible a la persuasión.

Erickson destaca el lenguaje transderivacional (palabras y asociaciones que nos hacen buscar entre nuestros recuerdos y representaciones mentales), ambigüedades (palabras, frases o estructuras que pueden dar lugar a múltiples interpretaciones) y significados derivados (frases que implícitamente dan algo por supuesto, que se perciben por el subconsciente como órdenes indirectas).

Por ejemplo, el titular “Los europeos se quedan sin dinero y sin paciencia para los refugiados” del canal de noticias oficial RIA Nóvosti contiene muchos significados derivados: los refugiados de Ucrania requieren mucha paciencia y dinero; los europeos no los tienen, son malos y pobres; no vayáis a Europa porque allí no hay nada bueno.

Formas de convencer

Hablando de los métodos de propaganda más tradicionales, en los medios rusos se puede encontrar gran variedad de ellos. Aquí están algunos de los ejemplos más llamativos:

  1. Mentiras abiertas. Incluso las falsedades presentadas de forma correcta y repetitiva pueden persuadir. Según muchos investigadores, el postulado más importante de la propaganda rusa es que todo el mundo miente, especialmente en el espacio mediático. Cualquier noticia puede ser falsa y esto es algo normal, pero el engaño de los medios rusos es menos engañoso que los engaños de Occidente.

    Como dijo Alexander Artamónov, el experto militar del holding mediático Pravda.ru (pravda significa verdad en ruso), un día antes de la guerra:

    “El proceso militar en Donbás se ha puesto en marcha y es difícil detenerlo. También es difícil detenerlo porque en esta situación todos engañan a prácticamente todos. Los occidentales que facilitan armas a Ucrania crean la impresión entre los ucranianos de que están luchando para que Ucrania forme parte de Europa (…). Los miembros de la OTAN tienen su propio enfoque, creen que todos somos idiotas y moriremos por ellos, y continúan empujando a los ucranianos a la matanza”.

    Este mismo método se utiliza para desacreditar cualquier información proveniente de los medios extranjeros (por ejemplo, sobre las matanzas de Mariúpol y Bucha). Y si hay evidencia de que los datos proporcionados por los mismos rusos también son falsos, siempre se puede decir que son menos falsos que la información alternativa.

  2. El menor de dos males. Las decisiones del Gobierno se presentan como las mejores posibles en las circunstancias adversas creadas por los países occidentales. Por ejemplo, Dmitri Peskov, el secretario de prensa del presidente de la Federación de Rusia, afirma en su discurso que “la operación especial en Ucrania está diseñada para prevenir la Tercera Guerra Mundial”.
  3. Definición asimétrica. Consiste en la suplantación de los significados de palabras importantes para la propaganda. Hay que recordar que una simple mención de la palabra guerra refiriéndose a la invasión a Ucrania puede costar en Rusia hasta 15 años de cárcel. Solo se puede decir “operación especial” o “desmilitarización de Ucrania”.
  4. Normalización o movimiento de la ventana de Overton. Se trata de una técnica propagandística en la que algo absolutamente inaceptable poco a poco se integra en la percepción social y al final se percibe como posible e incluso normal. El ejemplo más brillante y macabro es, quizás, la normalización de la posibilidad de la guerra nuclear.

    Las palabras de Putin diciendo que los rusos “irán al paraíso” al destruir el mundo fueron al principio chocantes para toda la población, pero luego se repitieron con frecuencia, sustituyendo paulatinamente el rechazo por la aceptación forzada. Últimamente se citan de forma rutinaria y sin causar ninguna protesta en los oyentes.

Evidentemente, esta lista no está completa. Se utiliza un abanico de técnicas tan amplio y de forma tan coordinada que los efectos se multiplican, creando un entorno propagandístico sin precedentes.

Consecuencias

Desde las pantallas de bienvenida de los programas de televisión hasta los bots que aparecen en los blogs populares para comentar cada publicación, todo está muy bien pensado para que cualquiera, sumergiéndose en este entorno mediático enfermizo, lo perciba como algo normal y coherente e incluso evite inconscientemente la información que contradiga lo que se le inculca.

En su artículo Entrar en la oscuridad y encontrar personas allí, el periodista y sociólogo opositor ruso Shura Burtin comparte los resultados de entrevistas con los partidarios de la invasión rusa en Ucrania.

Basándose en más de 50 entrevistas, destaca algunas tendencias, desde la repetición de eslóganes en vez de la opinión personal hasta la agresividad al oír una pregunta incómoda para la que no existen respuestas en los programas propagandísticos.

Pero quizás la tendencia más interesante es la insensibilidad ante las contradicciones. Burtin cita algunas frases de sus encuestados: “¿Rusia ha atacado Ucrania? Sí, claro. O puede ser que no, no somos los primeros (en empezar la guerra)”; “Nosotros los liberamos (a los ucranianos). Y si la población está en contra… bueno, no estamos en contra de la población civil, ellos simplemente viven allí, qué podemos hacer…”; “La guerra fue inevitable. Hace un mes nadie pensaba que esto podía ocurrir”.

Como una de las explicaciones posibles a esto, Burtin cita las palabras de una de las mujeres entrevistadas:

“La gente en Rusia ahora es como un niño al que le han dicho que su padre es un maníaco homicida. No lo puede creer, se defiende, se enfada, justifica su comportamiento, busca a los culpables. Por supuesto, está muy muy enfermo”.

En otro artículo, Anatomía del odio, los sociólogos rusos L. Borusyak y A. Levinson estudian un interesante objetivo (y a la vez un recurso) de la propaganda rusa: desviar la protesta contra la situación en la que se encuentra el país bajo la dictadura de Putin en otra dirección, convirtiéndola en agresión y odio a cualquier fuerza externa, ya sea esta Occidente, los inmigrantes, los queers o los “nacionalistas” ucranianos. La tensión social de los últimos años y la insatisfacción con la vida en general hacen que, paradójicamente, la opinión publica sea más manipulable, especialmente cuando se trata de la guerra.

La sociedad rusa, tras la Segunda Guerra Mundial, está acostumbrada a considerar la guerra como una experiencia sagrada que puede arrasar con todo y devolverle algún tipo de significado verdadero a sus vidas, liberarlas de aquello en lo que se encuentran.

Todo el país repite palabras como “desnazificación”, “desmilitarización” y “liberación”, y, por lo visto, no es una casualidad. Los ciudadanos realmente lo quieren, pero no pueden conseguirlo. Y lo expresan en forma de agresión hacia quienes creen que más se les parecen: los ucranianos.The Conversation

Alexandra Cheveleva Dergacheva, Profesora invitada del máster en Traducción e Interpretación, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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