El abuelísimo @eliadesacosta1

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 La genética, aunque muy explicada y asequible después del descubrimiento y descripción del mapa del genoma humano, aún nos depara sorpresas. No todo tiene una explicación lineal y automática. Aquí, no siempre la suma de dos y dos es cuatro.

Es como si no fuese suficiente lo mucho que ya sabemos comparado con la enormidad de lo que nos falta por saber.

Es como si, teniendo en la mano todas las cartas de un juego nos faltase discernimiento para llegar al fondo, explicar lo aparentemente inexplicable y ganar la partida.

El caso de José Trujillo Monagas, abuelo paterno del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, es un buen ejemplo de los aún inexplicables nexos genéticos que unen y condicionan a los descendientes de un mismo tronco familiar. De su estirpe formaron parte policías, cuatreros, asesinos, torturadores, violadores y hasta una monja que falleció en un convento de La Habana en olor de santidad.

Nacido el 8 de marzo de 1841 en Las Palmas de Gran Canaria, fue Trujillo Monagas un raro ejemplo de voluntad personal, ansias de triunfar en la vida, inteligencia natural y osadía. Practicante en un hospital de esa isla, entre 1857 y 1859, abandonó el puesto para trasladarse como enfermero militar al hospital de la ciudad de Trinidad, en el centro de la isla de Cuba, donde no tardaría en ser ascendido a practicante de primera clase. Al producirse la anexión de Santo domingo a España, en 1861, y deseoso de ascensos y mejorías salariales, se enroló en uno de los destacamentos de tropas enviados desde Cuba a la recuperada colonia. En ese mismo año ya ha logrado parcialmente sus objetivos al ser designado practicante aparatista con un sueldo más elevado.

Ubicado para trabajar en los hospitales de Matas de Farfán, Guayubín y Sabaneta, lo sorprendió el inicio de la Guerra de la Restauración por la independencia y la reinstalación de la República, en agosto de 1863, formando parte de la columna del general José Hungría.

Estando de servicio en Baní y San Cristóbal, solía alojarse en la pensión de doña Silveria Valdés Méndez con quien no tardó en relacionarse íntimamente, naciendo de la unión un hijo, el 25 de julio de 1864, bautizado como José Juan de Dios (Pepito) Trujillo Valdés. Casado con doña Julia Molina Chevalier, tendrían 10 hijos, entre ellos el futuro sátrapa dominicano.

Trujillo y Monagas, ya como sargento enfermero, cayó en poder de las fuerzas restauradoras, que lo mantuvieron como prisionero de guerra por varios meses, hasta que logró escapar. Abandonó el país, junto con el derrotado ejército español, en el verano de 1865, desembarcando en Cuba.

La isla de Cuba, a diferencia de Santo Domingo, exhibía una  estridente riqueza fruto de la despiadada explotación de cientos de miles de esclavos. Sus palacios, teatros, restaurantes, tiendas y avenidas atestiguaban que un río de oro se movía por su subsuelo, atrayendo a aventureros de todas las regiones de España, y de otras naciones. Era una sociedad donde se imponían los más pícaros, los más audaces, los más inescrupulosos, por lo que no era de extrañar que pululasen los delitos y los delincuentes y que las élites reclamasen de las autoridades coloniales enérgicas medidas policiales.

Así fue como el astuto Trujillo y Monagas, sin una fortuna inicial para incursionar en los negocios, comprendió que formar parte del cuerpo policial colonial era un adecuado comienzo.

Vigilante del barrio de San Francisco, no tardó en ascender, a fuerza de perspicacia, valor personal y voluntad de acero, hasta lograr ser nombrado segundo jefe de la policía de La Habana, cargo en el que se mantuvo por espacio de varios años. Hábil para la propaganda comercial de su persona, publicó en 1882 el libro “Los criminales de Cuba”, encabezado por una laudatoria biografía de Gil y Ferro.

Compartimos con nuestros lectores, la portada de la obra de Ramón Trujillo y Monagas, y un artículo propagandístico encargado (y seguramente bien pagado) al periódico satírico integrista habanero “Don Circunstancias”, del recalcitrante enemigo de la independencia de Cuba J. M. Villergas, publicado en primera plana el domingo 5 de diciembre de 1880.

Para cerrar la caracterización del personaje, agregaremos que estudió Derecho en la Universidad de la Habana, graduándose como abogado el 29 de septiembre de 1882; que se mantuvo en su puesto hasta que un nuevo Capitán General, llegado de la Metrópoli con sus acólitos ávidos de colocaciones lucrativas, lo cesó en el puesto, lo que provocó la publicación por Trujillo y Monagas de un folleto con sus quejas y demandas a la Corona. Se sabe que formó una familia en Cuba, y que el comandante  Santiago Trujillo Martínez, implacable represor y jefe de la Policía Secreta durante la tiranía del general Gerardo Machado y Morales, fue uno de sus descendientes.  Capturado en 1933, tras la caída de la dictadura, el comandante Trujillo Martínez guardó prisión en el Presidio Modelo de la isla de Pinos, lo que provocó gestiones del pariente dominicano para lograr su liberación y traslado a Santo Domingo.

Siguiendo la sinuosa línea genética del Abuelísimo del Generalísimo comprendemos mejor que a la genética, como ciencia, le queda un largo trecho por investigar.

¿De dónde salió, en semejante familia, ese torvo impulso de la sangre que hizo de unos polizontes eficaces y de otros criminales a perseguir, y de todos, un caso de estudio patológico?

Eliades Acosta

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